Un sueño de diez millones de años

Diez millones de años lleva dormido este dragón. Desde entonces, dos veces al día el sol se empeña en volver a despertarlo. Aquel atardecer buscó como aliados a dos grandes cúmulos y parecía haberlo conseguido, pero sólo fue un espejismo.

Había estado lloviendo casi toda la tarde y deambulaba de cala en cala sin hallar lo que buscaba. Días antes vi fotografías de aquellas playas y mi cabeza imaginó una escena que probablemente no existía.

La travesía no era muy larga, pero andar entre dunas y rocas volcánicas no fue fácil y me llevó más tiempo del que pensaba. Ya se escapaba la luz en la última cala y no encontraba mi escena imaginaria. Decidí subir a una cresta de lava estrecha y empinada que acababa muriendo en el mar y así ver qué había al otro lado. Una vez arriba sólo me encontré esta escena, ninguna playa de arena fina a la que bajar, ningún farallón fotogénico que incluir en la composición.

No quedaba más tiempo para desandar mis pasos y volver a la cala anterior. Decidí quedarme allí y ver lo que quedaba del atardecer sin hacer ni una fotografía. El viento me zarandeaba con fuerza y tuve que tumbarme para no acabar cayendo por el acantilado. Como no me resignaba, volví a sacar la cámara y empecé a probar composiciones. Intentaba utilizar la curva formada por la cresta y los acantilados como vector que guiase la mirada hasta el cerro. Cuando tuve claras dos composiciones, desplegué el trípode y, antes de poner la cámara, medí la exposición al cielo y después al cerro. Como la diferencia de luz entre ambas era poco más de un paso, saqué de mi bolsa un filtro degradado neutro de 1,5 pasos. El cielo azul poco saturado y las nubes grises no ayudaban. La escena parecía apagada, sin vida, y disparé sin mucha ilusión. Pero en un instante los dos cúmulos comenzaron a teñirse de intenso color rojo y la escena comenzó a latir con tanta fuerza que parecía que ese viejo volcán sumergido iba a entrar de nuevo en erupción. Ahora sí tenía sentido aquella fotografía.

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2 comments

  1. Que tal Antonio,una enseñanza mas: hay que esperar siempre hasta el ultimo momento de luz;pues a veces suena la flauta, ja ,ja ,ja,saludos

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