Rayo anticrepuscular al atardecer, Santillana, verano 2014

Una tarde de verano, mientras fotografiaba la puesta de sol, el cielo guardaba una sorpresa a mi espalda. Al darme la vuelta lo vi. Allí estaba, de un color azul oscuro, destacando sobre el resto del cielo. Era un rayo anticrepuscular. Convergía solitario en el horizonte, proyectado por la sombra de una gran nube que se interponía en el camino de los rayos del sol.

Los rayos crepusculares son visibles si un objeto se cruza en el camino de los haces de luz emitidos por el sol, cuando éste se ha puesto (o está saliendo) y se halla entre 3 y 6 grados por debajo del horizonte. Ese rango de posición coincide con la segunda mitad del crepúsculo civil del atardecer (o la primera mitad del crepúsculo del amanecer). El objeto —una nube o una montaña— proyecta una sombra en el cielo que vemos como un rayo divergente si miramos en dirección a la puesta de sol. Aunque es más raro verlos, si nos damos la vuelta y miramos hacia el punto antisolar —punto contrario a la puesta del sol—, podemos ver rayos convergentes en el horizonte. Son los llamados rayos anticrepusculares, como el que aparece en esta fotografía. La convergencia y divergencia de los rayos es un efecto óptico, ya que en realidad son paralelos. De la misma forma pero en sentido contrario aparecen los rayos crepusculares al amanecer.

Cuando hice la fotografía, a las 21:02, el sol se hallaba a 3,2 grados por debajo del horizonte y el rayo aparecía con su mayor intensidad. Seis minutos más tarde todavía era visible, aunque más débil. El sol había bajado a -4.3 grados. Cuando éste descendió a -6 grados, finalizando el crepúsculo civil, las primeras estrellas aparecieron en el cielo y el rayo desapareció.

Elegir una composición que recogiera algo más que aquel curioso fenómeno óptico fue difícil. El horizonte bajo y el formato horizontal lograron centrar el interés en el rayo, pero también deseaba hacer algo más. El formato vertical me permitió cambiar un poco la composición e incluir como protagonistas a las «potamogeton natans» —plantas acuáticas abundantes en la zona— movidas por el viento.

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