Esperando a las perseidas, verano 2014

Verano verano… una estación un poco regular para la luz, días de pocas nubes y cielos poco interesantes. Será por eso que esta vez me he dedicado más a patear que a fotografiar, de ello dan fe mi rodilla derecha y el color morado de bastantes uñas que espero no perder. La cosa no estaba ni para el mar: ni una sola fotografía de paisaje marino esta vez.

Como no había ni nieve ni neveros, tenía poco interés, pero estando tan cerca decidí subir una tarde-noche al circo de Río Seco en Sierra Nevada y pasar noche en el refugio de Pillavientos. Otra de las cosas malas que tiene el verano es que hay gente por todos lados, y aquí en especial mucho vivac al borde de las lagunas. Esta vez un par de familias (críos incluidos) se acomodaron en la orilla de la laguna grande de Río Seco y el encuadre abierto se fastidió. Al atardecer me las vi y deseé para encontrar un punto de vista que evitara las tiendas, y lo peor, las personas moviéndose por todos lados: paseos con linterna incluida que arruinaron algunas fotografías. Muy distinto al invierno cuando la Sierra se convierte en un paraíso de soledad.

Llegada la “bendita” noche, todos a sus tiendas y la laguna quedó despejada. La luna llena apareció y lo iluminó todo. Empezó a iluminar la cumbre de los raspones y a bajar poco a poco hasta iluminarlos completamente.

Como se suele decir, hay que aprovechar los inconvenientes, así que decidí hacer una fotografía más “montañera” incluyendo una de las tiendas que había.

Ambas tienen poco misterio técnico: luz de luna lateral, sin filtros, apertura grande e ISO 400 para rebajar el tiempo de exposición a 8 minutos, sin ser demasiado bajo para así obtener los trazos de las estrellas.

Después de la sesión, a las 00:00, caminata nocturna hasta el refugio y como siempre: llegando el último cuando todo el mundo duerme y a hacer ruido (procuro que sea poco) para desplegar el saco, aislante, etc; así que voy a acabar haciéndome famoso con la etiqueta de «el jodido que entra siempre a las tantas de la noche a los refugios de Sierra Nevada despertando a los demás».

A las pocas horas lo mismo, 5:45, suena el despertador fastidiando el sueño a los demás, ruido al guardar todos los trastos y camino de vuelta a la laguna. Como era previsible en esta época, y con el sol a espaldas, una luz bastante sosa, ni cinturón de Venus y nada y ningún resultado que me guste para publicar. Otra historia veremos en otoño e invierno.

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